Un tónico moderno ya no es lo que era. Los de hace veinte años eran astringentes con alcohol pensados para «cerrar el poro» —una idea que la dermatología descartó hace tiempo—. Los actuales, como este, son básicamente agua con humectantes: retiran los restos que el limpiador ha dejado y, sobre todo, dejan la piel ligeramente húmeda, que es el estado en el que un sérum y una crema se absorben mejor.
Este cumple ese papel con ácido hialurónico como activo y sin parabenos, en un formato generoso de 200 ml. Cuando está disponible, su precio por mililitro es el más bajo o de los más bajos del catálogo. Para un paso que es de apoyo y no de tratamiento, esa relación es difícil de discutir.
Conviene ajustar expectativas con el reclamo «rellenador». El ácido hialurónico en un tónico está en concentración baja y en contacto con la piel unos segundos antes de que apliques lo siguiente; el efecto relleno real hay que buscarlo en el sérum o en la crema de la misma gama, no aquí. Una reseña lo dice mejor que nosotros: lleva usándolo a diario mañana y noche y no ha notado que rellene marcas de acné. Es un buen tónico, no un tratamiento.
Dos avisos prácticos. El primero: no es un limpiador, y varias compradoras han tenido que aclararlo en las reseñas porque hay gente que lo usa como tal. Va después de limpiar. El segundo: lleva perfume, así que si tu piel es muy reactiva el hidrolato de aciano del catálogo es una opción más segura, aunque cueste cuatro veces más por mililitro.