El dato que casi nadie da
Una mascarilla LED se define por la longitud de onda de su luz, en nanómetros, no por el color ni por cuántos modos tiene. Es la cifra que dice qué hace el aparato, y las franjas con más investigación publicada detrás son la roja en torno a 630 nm y la infrarroja en torno a 850 nm.
De las tres, solo la RENPHO publica la longitud de onda de todas sus luces: 630 nm la roja, 415 nm la azul y 850 nm la infrarroja. La INIA da una sola cifra, 850 nm de infrarrojo cercano, impresa en la caja; su luz roja, la amarilla y la azul se quedan sin número. La Shark no da ninguna: habla de «las longitudes de onda adecuadas» sin decir cuáles. Eso no demuestra que no funcionen. Demuestra que no hay forma de comprobar qué estás comprando, y en un aparato de más de cien euros eso debería pesar.
RENPHO ARTEMIS: la que se deja comprobar
Además de las longitudes de onda, es la que más cifras concretas da: 324 LEDs, 185 gramos de silicona, cinco niveles de intensidad, temporizador de 10, 20 o 30 minutos y cobertura hasta la mandíbula. Trae protectores oculares en la caja y se puede llevar puesta mientras lees o trabajas, que es lo que decide si un aparato así se sigue usando al tercer mes.
También es la única que respalda sus resultados con un laboratorio externo: SGS certifica una reducción del 26,4 % en arrugas y del 50 % en brotes a las cuatro semanas. Conviene leerlo con cuidado: SGS es independiente, pero el estudio lo encarga RENPHO. Y hay cosas que se calla: qué duración del temporizador usar, cada cuánto, y cuántas sesiones da su batería de 2000 mAh. Además, la mascarilla va unida por cable al mando, aunque no a la pared.
Shark CryoGlow: la que más te lo da hecho
Es la única con frío regulable en tres niveles para el contorno de ojos, y es la parte que funciona desde el primer uso: la luz necesita semanas, el frío descongestiona en el momento. También es la más clara con las pautas —seis minutos el programa de roja e infrarroja, ocho el de azul, cuatro el de mantenimiento— y la más equipada: mando con pantalla, correas ajustables, almohadillas de frente y protectores de silicona para los ojos.
Lo incómodo: no declara longitudes de onda —habla de «las adecuadas», sin cifras— ni número de LEDs, y es con diferencia la más cara de las tres. Anuncia que reduce rojeces y acné en ocho semanas, pero ese dato lleva asterisco y sale de un ensayo de la propia marca. Estás pagando el frío, el mando y el nombre, no más información sobre la luz.
INIA Glow: la más cómoda, la más callada
El diseño es lo mejor de las tres: inalámbrica, plegable, con dos baterías magnéticas intercambiables y la propia batería haciendo de mando. Y es la única que marca una pauta de uso completa, de cinco a diez minutos entre tres y cinco veces por semana.
Pero de su luz declara poco: una sola longitud de onda, 850 nm de infrarrojo cercano, y en la caja, no en la ficha; la roja, la amarilla y la azul no llevan cifra. No menciona protección ocular en ningún punto y en sus fotos se usa con los ojos al descubierto. El envase luce un sello «FDA Cleared», que es una autorización para venderla en Estados Unidos, no una prueba de que funcione, y el propio fabricante advierte que es «únicamente para el cuidado cosmético y el bienestar». Lleva poco tiempo a la venta y tiene muchas menos opiniones que las otras dos, así que tampoco hay un historial que compense la falta de datos.
Lo que ninguna te va a dar
Resultados en días. Los plazos que dan los propios fabricantes van de tres a ocho semanas, y todos dependen de usarla varias veces por semana sin saltarte ninguna. Una mascarilla LED que se queda en el cajón a las dos semanas es el peor gasto de las tres, sea cual sea. Si todavía no sabes cómo encajarla en tu rutina, la guía de cómo usar una mascarilla LED explica sesiones, frecuencia y en qué orden va respecto al resto de productos.
Y ninguna sustituye al protector solar, que sigue siendo el único producto con efecto antiedad demostrado. Si aún no tienes uno que te pongas todos los días, empieza por ahí: la comparativa de ISDIN y Anthelios resuelve la duda más habitual.